Desarrollo – Infancia y trauma. Relación simbólica

Esta etapa se caracteriza, desde el punto de vista de la percepción del niño, por un estado de indiferenciación en donde no percibe diferencia entre sí mismo y el ambiente, así como entre sí mismo y la madre como un ser distinto.

Es la etapa señalada en el apartado el primer año de vida, donde existe la barrera protectora de los estímulos externo y donde la recepción por parte del niño es a través de la organización cenestésica y como sensaciones de totalidad que constituyen la recepción de estímulos que son percibidos como agradables y desagradables en relación directa con sus necesidades de alimentación y contención afectiva materna. Esta etapa se extiende aproximadamente desde el nacimiento hasta un mes de edad y para el niño consiste en un estado como de somnolencia, ajena a lo externo.

Según los conceptos de Mahler durante en esta fase sólo se puede hablar de elementos aislados que no se encuentran integrados a un ego y de mecanismos de respuesta puramente somáticos. Razón por la cual toda afectación en el aspecto vincular con la madre, redundara en una afectación somática, ósea en el cuerpo físico, debido a la ausencia de estructura psíquica.

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