Guardar secretos

29-03-2012 in Psicología y psiquiatría by Maite Nicuesa Guelbenzu

¿Sabes guardar un  secreto? La realidad es que aprender a respetar la intimidad de aquellos que te rodean es vital desde un punto de vista emocional. ¿Sabes guardar un secreto y fomentar la confianza en las relaciones interpersonales?

Muchas personas tienen un concepto totalmente equivocado de la confianza. Por ejemplo, si una amiga te cuenta algo a ti, no significa que te dé permiso para contarle luego su historia a tu pareja. Todos somos libres a la hora de decidir con quién queremos compartir nuestro mundo, por ello, el receptor de un mensaje debe de saber valorar de verdad el corazón ajeno. Hasta el punto de que no es necesario que alguien te diga “no cuentes nada de esto”, para que tú sepas deducir que debe quedar en la intimidad.

Pero está claro que si alguien te matiza todavía más “no preguntes nada sobre esta cuestión a nadie” debes respetar la voluntad ajena y ser alguien discreto. Existen situaciones en las que se debe ser todavía mucho más prudente. Por ejemplo, en un proceso de divorcio cada persona tiene su punto de vista sobre lo sucedido, y muchas veces, el entorno se posiciona de una forma clara en aquello que ha sucedido. Esta actitud muestra inmadurez y sufrimiento.

En cierto modo, el grado de madurez de una persona también se mide por su capacidad para guardar un secreto, para evitar el morbo de contarlo a nadie más sencillamente, porque aprecia de verdad a la persona que tiene delante. El secreto también está vinculado en el terreno profesional con trabajos como el de psicólogo o el de médico.

Existen situaciones en las que también merece la pena  ser prudente. Por ejemplo, imagina que tú y otro amigo tuyo tenéis algunos conocidos en común. Muchas personas tienen un mundo interior tan pequeño que para tener algún tema de conversación, necesitan hablar de los demás. En ese caso, se da lugar a rumores que en muchas de las ocasiones, terminan mal.

Ser una persona confiable es una cualidad que se valora mucho en las relaciones interpersonales. Por ejemplo, ser hipócrita no resulta una cualidad positiva. Poder tener relaciones de verdadera intimidad implica tener la capacidad de compartir secretos y vivencias de manera respetuosa y abierta.