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Nuestro estado después de la muerte

04-09-2011 in Ciencias by Alberto Hornero Luque

A finales de este año habrá alrededor de mil millones de personas en el planeta que usarán activamente las redes sociales. Todos tienen en común que van a morir. Aunque esto pueda ser un poco morboso, creo que tiene implicaciones profundas que vale la pena explorar. Lo primero que me llevó a pensar en esto fue un artículo de Derek K. Miller de principios de año que era periodista de ciencia y tecnología y murió de cáncer. Miller le pidió a sus familiares y amigos que escribieran un mensaje para publicar poco después de su muerte.

Esto es lo que escribió en su última entrada: “Ya está. Estoy muerto y este es mi último comentario en el blog. Anticipadamente, he pedido que una vez que mi cuerpo ceda al castigo de mi cáncer, mi familia y amigos publiquen este mensaje que preparé… es la primera parte del proceso de convertir esto de sitio activo a archivo”.

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Mujeres en el poder durante el Imperio Nuevo Egipcio (II-III)

26-04-2011 in Humanidades by Alfonso Rafael Bustos Gracia

En este nuevo apartado hacia las mujeres se hablará de dos figuras internacionalmente conocidas pero que no llegaron a ejercer como tal como faraones pero sí como reinas. Por un lado, encontramos a la misteriosa mujer de Amenofis IV o también conocido como Ajenatón, a la que cada vez que la nombramos se nos viene la imagen de su famoso busto, siendo esta la imagen de Nefertiti, quizás la reina más guapa de la que se ha hablado en la Historia de Egipto. Ya lo dice su nombre, Nefert (la bella) iti (ha llegado). Por otro lado, hablaremos de una mujer de gran personalidad y en la que siempre estuvo al lado de su marido, sobre todo en los momentos difíciles, dando como pista el enfrentamiento en la batalla de Kadesh, argumentado tanto en su templo, de estilo espeo, en Abu Simbel, y en Karnak, o sea, este es la figura de Ramsés II, esposo de Nefertari, en la que tiene junto a su gran templo, junto al lago Nasser, un pequeño espeo.

 

Entrando en materia, son muchos los interrogantes que surgen alrededor de la primera persona, Nefertiti, sobre todo por su carácter misterioso y por el papel de protagonista que alcanzó durante el reinado de su marido, más tarde su exmarido, junto a sus hijas, representado así en estelas. Algunos de estas preguntas como ¿de donde vino? ¿Quien fue en realidad la Gran Esposa Real?. A lo largo del artículo se intentará solucionar estos interrogantes. Cierto es, que el gran conocimiento de esta mujer vendrá  a partir de 1965, en la que hasta entonces se sabía muy poco, solamente, que vivió en un momento muy convulso y quizás uno de los momentos más excitantes de la historia de Egipto.

 

En el apartado anterior, al hablar de Hapshesupt, debemos de aclarar que al igual que Nefertiti, sufrieron un proceso de persecución, donde se intentará borrar su nombre de la historia. Por eso es clave el año 1965 para conocer mejor a esta reina. Se propondrá una reconstrucción del templo de Karnak, por medio de Winfield y de Redford, su sucesor, financiado por la Nacional Geographic Society, en la que, en esos bloques desmotandos, sobre todo en tiempos del general Horemheb, para llevar tal fin contado, se descubrieron que en estos talatats aparece en 564 ocasiones, mientras que su esposo, será inferior, con 320 apariciones.

 

Para comprender la figura de Nefertiti debemos de hablar primero de su esposo, y como se dijo, luego su exmarido. Intentando resumir en varias lineas su historia, lo entendemos como el período en el que Amenosfis IV intenta romper con la religión politeista y sobre todo, romper con el clero de Tebas, donde configurará una religión monoteísta venida de la mano de un nuevo Dios, Atón, pasando a ser representado como un Disco Solar, siendo un único Dios Todopoderoso, cambiándose así su nombre y el de su hijas, llamándose ahora,  Akhenatón, y en el que traslada todo el aparato religioso, económico, político y administrativo hacia Tell el-Armana, de nueva planta y contruída por el propio Amenofis. Sabemos que Nefertiti se trasladó junto a su marido y sus hijas, sobre todo, la más conocida, Meritatón, por ser la hija primogénita y en la que sustituiría a su madre en todos los asuntos, al separarse, puesto ahí por su padre. el desenlace de la fallida revolución tuvo como consecuencia inmediata la destrucción de todo recuerdo de pasado. Más que nada fue un cambio político que religioso, empezado por su abuelo Tutmosis IV y continuado por su padre Amenhotep III.

 

 

¿Quién fue Nefertiti? Los documentos que poseemos son muy hipotéticos por lo que hace ardua el estudio de este personaje debido a que las opciones posibles son muy variadas. Se ha preguntado si fue Nefertiti hija de Amenosfis III o hija de una concubina asiática ofrecida al rey. Si recordamos el busto localizado en Neues Museum de Berlin, los rasgos de la reina así como su nombre parece indicar un origen extranjero. Por otro lado, un grupo importante de egiptológos se inclinan por otra versión del origen, como es el caso del egiptólogo catalán Josep Padró, donde afirman que es hija de un alto funcionario anexionado a la Corte Real: el Padre Divino, Ay, que le sucederá más tarde a TutanKhamón en el trono. Es cierto, que su esposa Tiy fue nodriza de Nafertiti porque así está escrito, pero ningún sitio consta como madre la reina, al igual que ocurro con Ay. Se supone que la boda real tuvo lugar hacia el segundo año de reinado de Akhenatón aunque en ésta época el nombre de Nefertiti no aparece por ninguna parte. Es probable que Nefertiti sea de Akhenatón y de su madre Tiy, que sería fruto de su amor un tanto incestuoso.

 

No solamente hoy en día están de moda en las revistas y televisión la Salsa Rosa del momento, por lo que podemos señalar que en aquella época también las había, como es el caso de un posible idilio, durante su matrimonio, entre Nefertiti y el escultor de la Corte, Tutmés. la dulzura y sensualidad que emanan muchas de las estatuas de la reina son la base de las especulaciones de marcado sabor de prensa rosa que aureolan a esta misteriosa reina. no hay que olvidar, al comienzo de esta dinastía, algo parecido debió de pasar entre Hatshesupt y su arquitecto Senenmut.

 

Los reyes y reinas dinásticas no deberían de figurar en las listas dinámicas, y todo vestigio de su existencia debía de ser borrado. Ésta fue la ley establecida por Horemheb primero y luego más tarde por el grandioso faraón Ramsés II.  En ésta pérdida de datos aparecen personajes que se mueven entre la historia y la leyenda. Quizá el más atractivo sea el de la figura mística de Smenjkare, ya que según las últimas teorías compartidas por muchos egiptólogos esta tan revolucionaria como aceptable. El poder y la autoridad de que siempre hizo gala Nefertiti en la corte de Amarna subió de tono tras la muerte de la otra esposa real, Kiya. Y ello hasta el punto de que la reina cambió no sólo de nombre, sino, de forma protocolaria, su sexo. Es decir, que se convirtió en faraón como corregente de Akhenatón, con el nombre de Smenjkare, en la que otra vez se repite la similitud de Hatshesupt. Ésta hipótesis lo dio en su día Gauthier en 1912 y confirmada por Harris en 1973

 

Ignoramos todo sobre el final de Akhenatón y Nefertiti, al igual que todo lo respecto a Smenjkare, si es que existió, pero es enumerada por el historiador griego Manetón. De Tutankhamón sólo sabemos que nació, reinó y fue sepultado en el Valle de los Reyes, como dijo Carter.  Pero reuniendo los datos podemos elaborar una síntesis de circunstancias vividas que la convierten en uno de los personajes mas misteriosos, estudiados, atraídos, etc de toda la Historia Universal.

 

Nos consta de que tuvo seis hijas aunque no está confirmado si las tres últimas fueron de su marido Akhenatón, ya que siempre le rondó una supuesta homosexualidad debido a las formas feminoides adoptadas por el rey. No sabemos que fue de aquella hermosa mujer que en un día llegó a reinar. Nada de ella se encontró en la tumba perdida en un uadi de Amarna. Se ha especulado de que la reina al separarse de su marido murió en el año 14 de su reinado y que se iría a vivir fuera de Amarna, falleciendo al poco tiempo, pero como todo, su vida es misteriosa, muy estudiada, así que, será difícil revolucionar toda la verdadera historia.

 

Si avanzamos en años y cambiamos de dinastía entrando esta vez en la Dinastía XIX, según la enumeración dada por Manetón, hablaremos de la ultima mujer de ésta época del Imperio Nuevo, porque se ha de recordar que la época de Cleopatra ya pertenece a una época de influencia griega y será mucho más posterior.

 

Al igual que Nefertiti se ha especulado mucho en su persona. Nefertari, Esposa Real de Ramsés II, quizás el faraón más conocido de la historia de Egipto. Posiblemente, la descendencia y el origen de Nefertari sea de la zona de Nubia, localizada en el Alto Egipto, muy próximo a la quinta o sexta catarata. Sobre su belleza no se conoce nada, pero como se deduce en en la primera parte de su nombre, contiene la raíz Neferet, al igual que lo haría la reina anteriormente hablada. Se cree que ésta zona de Nubia proceden las chicas más bellas y que tendrán una gran fama en todos los territorios conocidos.

 

Viendo que la vida de una reina Real está vinculada con la vida del faraón hemos de decir que fue la primera esposa del futuro Ramsés en la que proviene de una noble familia. Tenía el futuro faraón 17 años cuando se casó por primera vez, en la que fruto de este matrimonio nació su hijo primogénito Amonherunemef. Posiblemente, como consecuencia de una muerte temprana de Nefertari, el rey se casó más veces, no sin antes sin tener más hijos, dándole en esta ocasión como hija a Meritamón.

 

Como demuestra el espeo comentado con anterioridad, situado justamente al lado de su gran espeo en la zona del lago Nasser, y más concretamente en Abu Simbel, sí se puede afirmar que fue la reina favorita del propio Ramsés II en donde fue acompañado en sus grandes travesías y decisiones, como fue el caso, al igual que Amenofis IV, de trasladar la capital a Tinis y crear el Pi- Ramsés.

 

Como curiosidad se puede decir que Nefertari fue una persona distraída en juegos, en la que parece ser fue creadora de un juego, que quizás se lo más próximo a lo que conocemos como hoy día, el Ajedrez.

 

Como recomendación de libros podemos citar la colección de Christian Jacq resaltando con especial fervor los cuatro volúmenes que componen la colección de la Piedra de la Luz o también la Dama de Abu Simbel, del mismo autor, siendo estos novela pero al mismo tiempo se encuentra muy bien documentados.

 

Por otro lado, como libros de perfeccionamiento se recomienda el manual de

 

Historia de Egipto Faraónico de Josep Padró.

 

Breve Historia de Egipto de Nicolás Grimal.

 

Para conocer un listado dado y el que se sigue hoy día de los faraones en Manetón.

 

Alfonso Rafael Bustos Gracia

(estudiante de último curso Ltura. Historia)

La muerte en Córdoba en el siglo XV: grupos no privilegiados (y III). Aseguración de la vida eterna.

20-04-2011 in Humanidades by Blanca Navarro Gavilán

Como ya hemos expuesto en anteriores artículos, la población de los últimos siglos medievales está convencida de la existencia de otra vida tras el óbito, lo que explica el temor a fallecer repentinamente abintestato, sin poder repartir sus bienes terrenales ni asegurarse que se cumplen los ritos y ayudas para que su alma se garantice la vida eterna tras pasar por el Purgatorio. Aquí, las almas que requieren un tiempo de expiación, se benefician de los actos píos hechos en el mundo terrenal. Por eso algunos testadores mandan misas por las ánimas de ese «tercer lugar» (intermedio entre Paraíso e Infierno), para reducir su tiempo de estancia -y el de sus seres queridos- en el mismo. La mujer de un carretero, Isabel Rodríguez, manda nueve misas rezadas «por las ánimas de Purgatorio» en San Miguel, según comprobamos en su testamento (30 de julio de 1468), mientras el herrero Antonio Martínez manda cinco misas en San Pedro (23 de julio de 1488), las mismas que encarga tres días después la hija de un astero, Francisca, en su caso en San Nicolás de la Ajerquía.

Los legados piadosos servían para ganar méritos ante los ojos de Dios y, al mismo tiempo, para merecer su gloria. De hecho, fue frecuente entre hombres y mujeres de la época acordarse de los más necesitados aunque sólo fuera ante la inminencia de su propia muerte, lo que convertía sus actos misericordiosos en algo meramente egoísta, careciendo entonces del sentido principal. Por esto, no es extraño que los testamentos contemplen obras caritativas que dependían -como no podía ser de otro modo- de las posibilidades económicas del testador. Si no, no se explica que, por ejemplo en el caso de los esclavos, éstos no sean liberados en vida del amo, sino cuando ha muerto, como consecuencia del cumplimiento de una manda testamentaria.

Hemos considerado oportuno mencionar, aunque sea someramente, los tipos de mandas piadosas: las que se hacen a criados, pobres y a hospitales (donde vimos que igualmente había pobres, no sólo enfermos), sin olvidar la liberación de esclavos y las ayudas para el casamiento de huérfanas (manda ésta muy común entre los nobles). Con todo, no sólo los miembros de la aristocracia cordobesa se acuerdan de estas jóvenes, puesto que algunos individuos pertenecientes a la sociedad media ayudan a las huérfanas a poder contraer matrimonio: Catalina Rodríguez, vecina de San Pedro, hija de un sillero y casada en segundas nupcias con un calderero -y cuyo primer marido era astero-, manda «que den 1.000 mrs. para ayudar a casar una huérfana que ella tiene declarado y dicho a sus albaceas», tal y como observamos en su testamento (21 de febrero de 1465).

En cuanto a los esclavos, algunos eran manumitidos en el momento de hacer testamento, si bien otras veces el amo prefiere que se queden con algún miembro de la familia durante algún tiempo antes de alcanzar plena libertad. Parece que los amos, en algunas ocasiones, procuran proteger a sus esclavos (normalmente si son menores), llegando incluso a ayudar al casamiento en el caso de las niñas. El calderero Juan Ruiz el Mayor manumite en su testamento (fechado el 14 de octubre de 1468) a su esclava Marta y su hijo Jorge «de color negros por el serviçio que le hubo hecho e cargo que de ella tiene».

Es obvio que los privilegiados disponen de mayores seguridades de cara a la salvación, puesto que, en virtud de su dinero, podían aspirar a mejores lugares de enterramiento, a un mayor número de misas y otros medios para asegurar la salvación de su alma. Es por esta razón por lo que la afirmación de la igualdad de todos los individuos ante la muerte es una auténtica falacia en tanto en cuanto la consecución de la salvación eterna está determinada por la capacidad económica del difunto. Sobre esta idea de la desigualdad incidimos en nuestra investigación pues, innegablemente, la nobleza cordobesa del siglo XV -estudiada por Margarita Cabrera- no actuará de la misma manera ante la muerte que la sociedad media y baja, objeto de nuestro estudio.

Cabrera Sánchez, M., Nobleza, oligarquía y poder en Córdoba al final de la Edad Media, Universidad de Córdoba, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Córdoba, Obra Social y Cultural, 1998

Blanca Navarro Gavilán

Licenciatura y Doctorado en Historia

La muerte en Córdoba en el siglo XV: grupos no privilegiados (II). ¿Dónde se redactan los testamentos? Los hospitales de la ciudad

19-04-2011 in Humanidades by Blanca Navarro Gavilán

En el anterior artículo aludíamos a la importancia que adquirió a finales de la Edad Media la redacción del testamento. Pero, ¿dónde se testaba? Por lo general, en la propia casa del otorgante, aunque en el caso de algunos enfermos el escribano se trasladaba a los hospitales. Otras veces, cuando el testador no estaba impedido, incluso acudía por su propio pie a la escribanía y allí testaba, si bien podía hacerlo en cualquier lugar. Por ejemplo, una vecina de la collación (barrio) de San Pedro dicta su testamento en casa de la madre de un criado suyo, que sabemos se localiza «de frente de la Puerta de Baeça», al sureste de la ciudad.

Hay veces en las que el testador está acostado: según se expresa en los documentos, «alechigado en cama». Es lo que ocurre con varios enfermos de la casa de San Lázaro, uno de los casi setenta centros hospitalarios que hubo en nuestra ciudad, según apunta J. M. Escobar Camacho en un artículo sobre los centros asistenciales en la Córdoba bajomedieval. Entre esos enfermos podemos citar al cardero Gonzalo López y al mayoral del dicho hospital, Antonio Quesada (hijo de un sillero), que testan en 1475 y 1476 respectivamente.

En la España cristiana medieval, los hospitales albergaban enfermos, pobres y peregrinos sanos. Hemos localizado comerciantes foráneos (todos enfermos), que redactan su última voluntad desde algún hospital de Córdoba y que incluso señalan como albaceas testamentarios a trabajadores o enfermos del mismo sanatorio. Se conocen muchos hospitales de nuestra ciudad: el de San Bartolomé, ubicado cerca de la iglesia de San Nicolás de la Villa; el de Santa María de la Consolación (entre las actuales calles del Tornillo y de Armas), próximo a la parroquia de San Pedro, como el hospital del Maestrescuela, en la calle Lineros. En la confluencia de esta calle y la actual Badanas se documenta hacia el año 1406 el hospital de San Nicolás de la Ajerquía y, desde aproximadamente 1470, en la plaza del Potro, el de la Santa Caridad de Jesucristo. En la calle Mucho Trigo se conoce, desde 1486, el hospital de San Julián. La mayoría de los vecinos de las collaciones de Santa Marina y San Lorenzo pertenecían al estado llano (sector primario de producción y algunos oficios artesanales) con la salvedad de algunos miembros de la nobleza cordobesa (cuyas casas principales se hallaban en la collación de Santa Marina) y algunos individuos que ocupaban cargos concejiles o profesiones liberales (en la collación de San Lorenzo). En aquélla se documentan varias instituciones asistenciales desde mediados del siglo XV, mientras que en San Lorenzo podemos hablar de la cofradía y hospital de San Martín, con localización en la calle Montero ya desde 1316. Por otro lado, en las collaciones de Santiago y Santa María Magdalena (al sureste y este del sector de la Ajerquía, respectivamente), vivían los menos favorecidos, aunque también había miembros de familias cordobesas con cierto renombre. Y, entre otros ejemplos, en la collación de Santiago aparece el hospital de los Santos Mártires hacia 1387, establecido frente a la iglesia parroquial del mismo nombre.

Extramuros de la ciudad había centros asistenciales y ermitas compartiendo el espacio con tierras cultivables y con arrabales o pequeños suburbios. Por su pronta fundación (año 1262), destaca el hospital de Santa Eulalia, regentado por mercedarios. Cerca de la puerta de Gallegos se erigió una ermita (Santa María de las Huertas), próxima al cementerio de la iglesia de San Hipólito, que, según Ramírez de Arellano, se convirtió en hospital. Extramuros de la collación de la Magdalena, en el sector oriental, concretamente frente a las puertas Nueva y de Andújar, encontramos las ermitas y hospitales de San Antón y San Lázaro, fundados en el siglo XIII. En la misma collación, frente a la puerta de Baeza, se localizaba la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, que aparece hacia mediados del siglo XV. Tras realizar el análisis estadístico de los testamentos consultados (como se apuntaba en el anterior artículo), podemos afirmar que el porcentaje de individuos que otorgan sus últimas voluntades desde algún hospital representa un escaso 4% del total, la mayoría enfermos en el hospital de San Lázaro. Los menos, testan desde los hospitales de Santa Lucía, San Marcos, Luis González de Luna y San Bartolomé.

  • Escobar Camacho, J. M., «La asistencia a los pobres en la ciudad de Córdoba durante los siglos bajomedievales: su localización geográfica», Meridies, 1, Córdoba, 1994, pp. 39-62
  • Ramírez de Arellano y Gutiérrez, T., Paseos por Córdoba, León, 1973

Blanca Navarro Gavilán – Licenciatura y Doctorado en Historia

La muerte en Córdoba en el siglo XV: grupos no privilegiados (I). Estado de salud al testar

16-04-2011 in Humanidades by Blanca Navarro Gavilán

Los individuos que vivieron en la Baja Edad Media tenían muy presente el momento del óbito, gran enigma para los cristianos, que debían estar preparados para morir. Contrariamente a lo que podríamos pensar, esta preparación no extinguió el miedo a la muerte, a la que se teme -y mucho- a fines del Medievo, a pesar de la conciencia macabra de la época. Con todo, existían algunos medios para hacer frente a ese pavor, uno de los cuales era otorgar testamento, de ahí la importancia que debemos conferir a esta esencial fuente para el conocimiento de las actitudes ante la muerte -y ante la misma vida- de los cordobeses de esta época.

Los habitantes de la Córdoba de fines del Medievo, como los del resto de ciudades castellanas e incluso europeas, estaban muy concienciados de la realidad de la muerte por lo habitual de la misma, debido a las epidemias constantes que asolaron al Viejo Continente desde mediados del siglo XIV (como la Peste Negra de 1348), a lo que se une el aumento del belicismo (en el caso de Castilla, merece especial mención la Guerra de Granada del siglo XV), entre otros aspectos que favorecieron la experimentación de la enfermedad y de la muerte, como el auge de las ciudades, que concentraron aglomeraciones de gente venida desde las áreas rurales, multiplicándose así la insalubridad que ya de por sí existía en las calles.

Lo normal era testar estando enfermo o ante la inminencia de algún peligro a pesar de gozar de salud. Así, la mayoría de los otorgantes sanos suelen ser hombres que van a la guerra, clérigos que van a peregrinar o de visita pastoral, y comerciantes que recorren Castilla en el desempeño de su actividad laboral. Algunos testan al enfermar en un sitio de paso, como hace en Córdoba el comerciante vizcaíno Martín Aguirre, natural de Azcoitia, que otorga testamento en nuestra ciudad el 21 de noviembre de 1491. No debemos olvidar a las embarazadas, que testan ante el temor de fallecer en el parto, aunque se encontrasen sanas durante los meses de gestación. Éste es el caso de Juana Martínez, que deja por herederos a los dos hijos habidos con su primer marido (un barbero), y a los dos del actual, sin olvidar al «póstumo de que al presente está ençinta», tal y como expone en su testamento (5 de enero de 1473).

A la hora de otorgar testamento resulta indispensable tener plenas facultades mentales, algo que, además, queda especificado en casi todos los documentos consultados, con fórmulas como: «estando enfermo del cuerpo e sano de la voluntad» (testamento de la viuda de un carnicero, fechado el 6 de enero de 1473); «sano del cuerpo e de la voluntad» (caso del sillero Basco Lorenzo, que testa el 10 de agosto de 1465); y «en mi buen seso e memoria e entendimiento natural» (testamento del carpintero Juan Martínez, de marzo de 1468).

Tras el análisis de 283 testamentos del Archivo Histórico Provincial de Córdoba, el porcentaje correspondiente a testadores enfermos es muy superior al de los sanos -77% frente al 18%-. Esto responde a la necesidad de los enfermos de tranquilizar su conciencia y asegurarse la salud del alma antes de pasar a la otra vida. No debemos desdeñar el porcentaje de testamentos de los que no se conoce el estado de salud, que representa un escaso 5 % del total.

Blanca Navarro Gavilán

Licenciatura y Doctorado en Historia

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