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Los crónicos de la democracia

07-02-2012 in Opinión y actualidad by Pablo Poó Gallardo

Ayer fui al baño a orinar con mucha más frecuencia que de costumbre. Dada mi natural inclinación a padecer todas las enfermedades del Vademecum o, al menos, gran cantidad de ellas, en seguida pensé en un cólico nefrítico alojado furtivamente en mi riñón derecho (o en el izquierdo, depende). O, peor aún, en una diabetes incipiente para la que soy poco propenso genéticamente. Pero ya se sabe, todas las enfermedades de transmisión genética comenzaron por un primer enfermo.

Ya por la noche, en la cama, caí en la cuenta de que quizás los casi cuatro litros de agua que había bebido ese día hubieran tenido algo que ver en el exceso miccionario, y cambié la obsesión diabético-nefrítica por la Polidipsia, pero el nombre era tan raro y yo un tipo tan normal que me terminé durmiendo buscando posibles diagnósticos alternativos.

Después de varios años ya conviviendo conmigo mismo, me he dado cuenta de que padezco cronicidad espuria: a lo largo del día paso del asma a la cardiopatía con una facilidad pasmosa.

Hace unos días me encontraba leyendo mi periódico de cabecera, Diario Médico (cuál si no), y me topé con las declaraciones de Patricia Flores, viceconsejera de Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid.

Esta señora se preguntaba si tenía sentido que un crónico viviera “gratis” del sistema. Mi cronicidad espuria se sintió ofendida de inmediato porque, por más que había revisado de arriba abajo la Declaración de la Renta, no había encontrado la casilla de exención fiscal para los crónicos de mi calibre, así que, hasta el momento, seguía pagando impuestos.

Conforme fue pasando el día, caí en la cuenta del tipo de crónicos al que se refería la señora Flores. Leo en la prensa que nuestro flamante expresidente de todos los españoles, incluso de los que no le votaron, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha garantizado dos sueldos vitalicios que suman 145.000 euros al año, con cargo a las arcas públicas, por supuesto: 71.000 euros al año de pensión como expresidente y una paga como “consejero nato y vitalicio” del Consejo de Estado de 74.264 al año. Obsérvese nato: “con predisposición natural para algo y vitalicio”. Es decir, para toda la vida. Vamos, que nació predestinado.

Y eso sin contar la oficina dotada con secretaria y dos funcionarios (uno de ellos, con rango de director general), más coche y escoltas de los que dispondrá José Luis Rodríguez Zapatero. Es de agradecer, por otra parte, que dé trabajo a tanta gente.

Una pequeña úlcera gastroduodenal comenzó a desarrollarse en mi estómago; fue la única explicación plausible para justificar el ardor que sentía al leer estos emolumentos. Pero como los crónicos tenemos algo de masoquistas, seguí leyendo:

El exexpresidente José María Aznar cobra del Estado, también vitaliciamente, unos 70.000 euros anuales, sueldo que complementa presidiendo consejos de administración, escribiendo interesantísimos libros, con su labor como conferenciante y con una secretaria personal, escoltas y asistente personal por cuenta de todos los españoles, no vaya a ser que olvide una reunión o no sepa cómo combinar una corbata de rayas con un traje gris marengo.

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DEMOCRACIA

13-10-2011 in Humanidades, Opinión y actualidad by José Ignacio Sánchez Mesa

Seguramente, al preguntarle a cualquier ciudadano qué es para él la democracia, la mayoría le diría que el hacer cada uno lo que quiera y cuando quiera o tener una larga lista de derechos.

Sin embargo, si buscamos en el diccionario su verdadero significado, podemos ver que nos la define como “una doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”. Esto nos lleva a deducir que al ser un demócrata, a parte de asignarnos un derecho (poder intervenir en el gobierno), asumimos una responsabilidad de gran calado a la cual nos viene asumido un gran número de obligaciones. Obligaciones que en la mayoría de las ocasiones queremos eludir o minimizar en la medida de lo posible.

Por lo tanto, la suma de esta falta de responsabilidad con el cada vez menor sentido de la colectividad y el egocentrismo más creciente, nos ha llevado que al hablar en algunos ámbitos como el político- económico sean un mayor número de ciudadanos los que se planteen si los sistemas democráticos de los que disponemos son los más eficientes posible, ya que existe la duda de si podemos hablar de democracia cuando los miembros elegidos para llevar a cabo la política dejan de lado su verdadera razón de ser para convertirse en dirigentes que no velan por un interés diferente al suyo particular.

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