Esposas consentidoras

27-02-2012 in Historia, Opinión y actualidad by Pablo Poó Gallardo

Los maridos consentidores han sido desde siempre un tópico muy recurrible en la historia de las letras. Cuando Lázaro de Tormes se entera por los amigos de las «habladurías» sobre las movidas noches de su mujer y de los partos anteriores que ha tenido (que confirman la sospecha de que no es, ni mucho menos, una fiel esposa) se produce una magnífica escena, literariamente hablando, en la que confluyen los tres vértices del triángulo: Lázaro, su mujer y el Arcipreste.

Lázaro informa de las habladurías, el Arcipreste intenta tranquilizarle hablándole de «su provecho» y la mujer reacciona histéricamente y consigue callar, con sus gritos, todas las voces: la del Arcipreste, la de Lázaro y las voces chismosas de la calle. Todo termina en un pacto de silencio, con juramentos, por supuesto.

«Entonces mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé la casa se hundiera con nosotros. Y después tomóse a llorar y a echar maldiciones sobre quien conmigo la había casado. En tal manera que quisiera ser muerto antes que se me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de un cabo y mi señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos, que cesó su llanto, con juramento que le hice de nunca más en mi vida mentalle nada de aquello, y que yo holgaba y había por bien de que ella entrase y saliese, de noche y de día, pues estaba bien seguro de su bondad. Y así quedamos todos tres bien conformes».

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